Los mercados ya le bajaron la calificación a la deuda a EEUU; en las Bolsas así lo reflejaron. Los manuales de economía señalan que los problemas de deuda soberana son enormes luego del auge de la deuda privada y los ciclos de recesión. La polémica entre un problema de solvencia o de liquidez del país líder, fue superada por los datos de la realidad. La Reserva Federal, frente a la desconfianza de los inversores a los bancos, compró deuda pública a la tesorería de ese país y pésima deuda hipotecaria privada -subprime-, ambas de largo plazo. Los países ricos del mundo han aumentado su deuda en un 50% en los últimos tres años, según datos del FMI. Pero sus PBI no crecieron igual. Además los intereses de una crisis de deuda soberana son enormes. La política decidirá sobre la economía para repartir las pérdidas en semejante descalabro de las finanzas.
En el pasado, al imperio Otomano los acreedores europeos le administraron las aduanas; en la costa de México desembarcaron tropas españolas, inglesas y francesas para cobrar en 1850 y a Venezuela en 1902 por sus deudas la bloquearon Alemania, Italia y Gran Bretaña. Ahí surgió la intervención del canciller argentino Luis María Drago solicitando a EEUU el rechazo a la intervención europea, hasta que vino el control financiero de la liga de las Naciones con sus auditores y luego el Fondo Monetario con los resultados conocidos. ¿Vendrá un nuevo orden?
El apalancamiento del sector privado se trasladó a la Reserva Federal; el descuento en el valor del dólar es inevitable y también de los activos nominados en esta moneda. Las Bolsas se tornarán más especulativas porque el endeudamiento es como una adicción: habrá que anularlo antes que la deuda termine con el equilibrio global. El martes estarán vendiendo su futuro a cambio de beneficios a corto plazo, y en un escenario con menos bonos y papeles -como se vislumbra- los activos tangibles como productos básicos valdrán mucho, pero necesitarán de liquidez para pagarlos.